Sobre mí
La tecnología es el escenario. La humanidad es el tema.
Mi interés por contar historias no empezó como una búsqueda profesional. Empezó en casa, inventando cuentos para ayudar a mi hijo a dormirse. Noche tras noche, esas pequeñas aventuras se convirtieron en algo más que un ritual antes de dormir. Me recordaron que las historias son una de las formas en que le encontramos sentido al mundo, a nosotros mismos y a los demás.
Esa curiosidad, con el tiempo, encontró otro camino a través del lenguaje. Pasé casi dos décadas trabajando en traducción, localización y calidad lingüística, ayudando a que las ideas cruzaran culturas, industrias y tecnologías. En el camino, descubrí que la comunicación rara vez se trata solo de palabras. Depende del contexto, la intención, y ese entendimiento compartido que permite que el significado sobreviva el viaje de una persona a otra.
A medida que las tecnologías del lenguaje evolucionaban, también lo hacían las preguntas que me interesaban. Los avances en inteligencia artificial corrieron la conversación más allá de la traducción en sí. Empecé a fascinarme cada vez más con cómo los sistemas inteligentes influyen en la forma en que nos comunicamos, tomamos decisiones, construimos confianza y nos entendemos entre nosotros. Cuanto más capaces se volvían estos sistemas, más me encontraba preguntándome no qué podían hacer, sino qué revelan sobre nosotros.
Esa pregunta guía hoy mi escritura.
Mis ensayos exploran la intersección entre el lenguaje, la tecnología y la experiencia humana. En vez de enfocarse en predicciones o titulares, examinan las formas sutiles en que los sistemas inteligentes reconfiguran nuestra vida cotidiana, nuestros supuestos y las decisiones que tomamos. Son una invitación a bajar el ritmo y mirar con más atención cambios que muchas veces ocurren en silencio, una decisión a la vez.
Mi ficción explora esas mismas preguntas desde otro lugar. A través de personajes, vínculos y mundos imaginados, me interesa cómo la gente común navega un cambio tecnológico extraordinario. La tecnología puede darle forma al escenario, pero las historias siempre son sobre las personas que viven adentro de él.
Mi no ficción narrativa empieza de otra manera. En vez de partir de una idea, parte de algo que sucedió: un recuerdo, un encuentro, un momento de espera o de observación. Estos textos no examinan un sistema desde afuera; permanecen dentro de una experiencia vivida y confían en que ella sola alcance para transmitir sentido. Donde los ensayos preguntan qué revela un sistema sobre nosotros, esta escritura pregunta qué revela sobre el sistema una vida observada de cerca.
Ya sea que esté escribiendo ensayos, no ficción narrativa o ficción, me interesa menos predecir el futuro que entender a las personas que van a tener que vivirlo.
Si estas preguntas te resuenan, espero que encuentres acá algo que valga la pena explorar.